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Cuando alguien decide “ponerse saludable”, el discurso suele ser bastante predecible: mejorar la alimentación, dormir más, reducir el estrés, dejar de fumar, bajar el alcohol.

Todo eso es indiscutible, pero hay un problema, en esa conversación casi nunca aparece con el peso que debería el entrenamiento de fuerza.

Y no, no estamos hablando de estética. Estamos hablando de salud en serio.

La fuerza como marcador de salud.

En los últimos años, distintos estudios empezaron a mostrar algo interesante, la fuerza muscular no es solo una capacidad física, sino también un indicador bastante sólido del estado de salud general.

Personas con mayor nivel de fuerza, incluso medida de forma simple como la fuerza de agarre, presentan menor riesgo de mortalidad por todas las causas, mejor perfil cardiovascular y menor incidencia de múltiples patologías.

No es magia. Es fisiología, un organismo capaz de producir fuerza suele ser también un organismo más resiliente.

El músculo no es solo “músculo”

Durante mucho tiempo se pensó al músculo como un tejido pasivo, casi decorativo. Hoy sabemos que es todo lo contrario.

Es un órgano metabólicamente activo, implicado en la regulación de la glucosa, en la sensibilidad a la insulina, en la salud ósea y en procesos inflamatorios. Cuando entrenás fuerza, no solo estás estimulando el sistema neuromuscular, estás generando adaptaciones que impactan en todo el cuerpo.

Por eso, reducir el entrenamiento de fuerza a “ganar masa muscular” es quedarse corto.

Podés hacer muchas cosas bien y aun así tener un punto débil claro.

Sin estímulo mecánico, el cuerpo pierde lo que no usa. Y el músculo es especialmente sensible a eso. Con el tiempo aparece la pérdida de masa muscular, de fuerza y de funcionalidad. No es algo que pase de un día para otro, pero sí es progresivo.

Y cuando se manifiesta, ya no estamos hablando de rendimiento, sino de calidad de vida.

Menos fuerza implica más dificultad para tareas cotidianas, mayor riesgo de caídas, peor tolerancia al esfuerzo y, en general, un organismo más vulnerable.

No. Y decirlo así sería caer en el mismo error que muchas veces criticamos.

Dejar de fumar, dormir bien o tener una alimentación adecuada siguen siendo pilares fundamentales. Pero el entrenamiento de fuerza ocupa un lugar que, en la práctica, suele estar muy por debajo de su importancia real.

No reemplaza a los otros factores. Pero tampoco puede faltar.

La salud no es solo ausencia de enfermedad. Es capacidad.

Capacidad de moverse, de producir fuerza, de adaptarse y de sostener el paso del tiempo sin deteriorarse rápidamente.

Y eso no se logra solo comiendo bien o descansando.

Se entrena.

Referencias

  • Ruiz JR et al. (2008). Muscular strength and mortality in men. BMJ.
  • Celis-Morales CA et al. (2018). Grip strength and health outcomes. BMJ.
  • García-Hermoso A et al. (2018). Muscular strength and mortality risk. J Am Med Dir Assoc.
  • Westcott WL. (2012). Resistance training is medicine. Curr Sports Med Rep.

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