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En el ámbito de la nutrición deportiva y la composición corporal, el porcentaje de grasa suele ocupar un lugar central. Se utiliza para evaluar progreso, establecer objetivos e incluso comparar atletas. Sin embargo, cuando se analiza con mayor profundidad, esta métrica dista mucho de ser tan sólida como aparenta. Hablar de “% de grasa corporal” como si fuera un valor absoluto, preciso y comparable entre contextos puede inducir a errores importantes tanto en la práctica clínica como en el rendimiento deportivo.

El problema de base: no existe una única forma de estimarlo

El porcentaje de grasa corporal no se mide directamente, sino que se estima a partir de modelos. Esto implica que siempre estamos trabajando con una aproximación, no con una medición real.

Existen múltiples métodos, como la antropometría (pliegues cutáneos), la bioimpedancia (BIA), DEXA, la pletismografía por desplazamiento de aire, entre otros. Pero incluso dentro de un mismo método, como la antropometría, el problema persiste: hay decenas de ecuaciones diferentes para convertir los pliegues en porcentaje de grasa.

Estas ecuaciones:

  • Se desarrollaron en poblaciones específicas (sexo, edad, nivel de entrenamiento, etnia).
  • Utilizan diferentes combinaciones de pliegues.
  • Aplican modelos matemáticos distintos (2 componentes, 3 componentes, etc.).

Por lo tanto, no son intercambiables. Aplicar una fórmula fuera del contexto en el que fue validada puede generar errores sistemáticos significativos.

No todas las fórmulas hablan de lo mismo

Un punto crítico, y muchas veces ignorado, es que diferentes ecuaciones pueden dar resultados distintos en un mismo individuo, incluso utilizando los mismos pliegues.

Esto ocurre porque:

  • Algunas ecuaciones estiman densidad corporal y luego convierten a % de grasa.
  • Otras estiman directamente la grasa.
  • Cambia la forma en que se modela la relación entre grasa subcutánea y grasa total.

En la práctica, esto significa que un atleta puede tener un 10% de grasa según una fórmula y un 14% según otra.

¿Quién tiene razón? Probablemente ninguna completamente. Y lo más importante: no se pueden comparar entre sí.

Muchas ecuaciones clásicas fueron desarrolladas en población general o en sujetos no entrenados. Aplicarlas en atletas, especialmente en deportes como CrossFit, de resistencia o de combate, introduce un error adicional.

Los atletas presentan:

  • Distribuciones de grasa distintas
  • Mayor masa muscular
  • Cambios en la relación entre grasa subcutánea y visceral

Esto rompe los supuestos sobre los que se construyeron muchas ecuaciones. En consecuencia, el % de grasa estimado puede ser sistemáticamente infra o sobreestimado.

La bioimpedancia eléctrica (BIA) es probablemente el método más utilizado en consulta por su rapidez y facilidad. Sin embargo, presenta limitaciones importantes que la convierten en una herramienta poco fiable para estimar adiposidad real.

  1. Alta sensibilidad a variables externas

El resultado puede variar significativamente según:

  • Estado de hidratación
  • Ingesta reciente de alimentos
  • Temperatura corporal
  • Ejercicio previo

Esto introduce una variabilidad que muchas veces supera los cambios reales en la composición corporal.

  1. Modelo basado en supuestos

La BIA no mide grasa. Mide resistencia eléctrica y, a partir de allí, estima compartimentos corporales usando ecuaciones predictivas.

  1. El gran problema: la “caja negra”

Uno de los aspectos más críticos es que:

  • No se conoce qué ecuaciones utilizan muchos dispositivos
  • No se especifica en qué población fueron validadas
  • No se puede verificar si son adecuadas para el sujeto evaluado

Esto hace que el resultado sea, en muchos casos, ininterpretables desde un punto de vista científico. No solo puede ser inexacto, sino que además no sabemos en qué dirección se equivoca.

El error conceptual de tratar un valor estimado como absoluto

El gran problema no es utilizar estas herramientas, sino cómo se interpretan.

El % de grasa corporal:

  • No es un valor directo
  • No es universal
  • No es comparable entre métodos
  • No es necesariamente válido fuera de su población de origen

Sin embargo, en la práctica se utiliza como si fuera un “número real”, generando:

  • Comparaciones erróneas entre atletas
  • Objetivos poco realistas
  • Interpretaciones clínicas incorrectas

Entonces, ¿qué deberíamos hacer?

Más que centrarnos en el valor absoluto de grasa corporal, es mucho más útil:

  • Utilizar siempre el mismo método y la misma ecuación para seguimiento
  • Analizar la tendencia en el tiempo, no el número aislado
  • Complementar con otros indicadores:
    • Rendimiento
    • Perímetros
    • Peso corporal
    • Evaluación visual y contextual

En el caso de la antropometría, trabajar con protocolos estandarizados (como ISAK) y entender qué ecuación se utiliza permite una interpretación mucho más sólida que depender de dispositivos automatizados (siempre y cuanto el antropometrista sea certificado y siga el protocolo como debe ser).

En resumen

Hablar de porcentaje de grasa corporal como si fuera un valor exacto es, en el mejor de los casos, una simplificación excesiva, y en el peor, un error conceptual.

La variabilidad entre ecuaciones, la falta de intercambiabilidad, las diferencias entre poblaciones y las limitaciones metodológicas, especialmente en herramientas como la BIA, hacen que este número deba interpretarse con cautela.

En nutrición deportiva, donde las decisiones tienen impacto directo sobre el rendimiento, entender las limitaciones del dato es tan importante como el dato en sí.

Referencias

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  • Siri, W. E. (1961). Body composition from fluid spaces and density: analysis of methods. En Techniques for measuring body composition. National Academy of Sciences.
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  • Lohman, T. G. (1981). Skinfolds and body density and their relation to body fatness: a review. Human Biology, 53(2), 181–225.
  • Stewart, A., Marfell-Jones, M., Olds, T., & de Ridder, H. (2011). International standards for anthropometric assessment. ISAK.

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